13 noviembre 2008

Hay días en los que no queremos crecer.
Como si tuvieramos miedo a madurar, a pasar a otra cosa, a avanzar hacia la próxima etapa.

Es un sentimiento curioso, como cuando sientes frio en la mirada, o alguien rompe tu sonrisa. Entonces te dices que es hora de empezar a andar. Hay que escapar, la vida se acaba. Los sueños de antaño vuelven a invadir tu pensamiento, rompiendo las cadenas que te hacen llorar.

Cuando sientes que todo puede ir bien, te sorprende la calma aparente que relaja tus ansias de salir y gritar. Te dices que todos los días no son iguales, que cada uno tiene algo especial, aunque parezcan monótonos. La vida da y quita, pero cada uno podrá recoger lo que sembró en su tiempo.

"Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño. Basta con aprender a escuchar los dictados del corazón y a descifrar un lenguaje que esta más allá de las palabras, el que muestra aquello que los ojos no pueden ver."
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